viernes, 8 de septiembre de 2017

septiembre 8 del 2014

Treinta y tantos...

Tengo treinta y tantos años y eso es un hito en mi vida. Por primera vez desde que crucé la barrera de los 18 me siento y me considero un adulto. Las responsabilidades que recaen en un adulto están en mi, también las deudas y los fracasos de esta edad y sus crisis. Uno no anda más ligero a esta edad, al contrario, los pasos pesan y se sienten en el cuerpo, no sé si por las reumas que se acercan o por el peso del mundo que uno siempre siente que lleva bajo los hombros. Más cosas me molestan, cosas que en otras épocas me hubieran parecido divertidas o insignificantes ahora hacen de mi un ser humano más cascarrabias y frases como "en mis tiempos" o "a tu edad yo..." aparecen más y más seguido en mis conversaciones con gente joven. Gente joven... ¿en que momento dejé de ser joven?

Sin embargo no todo es malo. Vivo en una época en la cual gozo de la libertad de hacer lo que desee y a pesar de los juicios y las críticas por mis decisiones, al final del día, me voy a la cama conmigo misma y no con quienes me juzgan y, a menos que sepa que he hecho algo malo, duermo muy a gusto con esa compañía. He llegado a una edad en donde me puedo dar el lujo de eso y de mandar al diablo a todos los que deciden que mi estilo de vida no es el más apropiado , o que "para la edad que tengo soy muy infantil", "o que ya debería madurar". ¿Qué? ¿Acaso quienes me juzgan pagan por mis juguetes e infantilismos? Dado que la respuesta es no, puedo seguir dándome el lujo de jugar bajo mis reglas mis propios juegos.


Al fin y al cabo que, como nunca terminamos de crecer, de una manera u otra siempre somos niños viviendo en la infancia de una etapa a otra.


Soy más ruca, si, pero tomo más aviones de los que se me van, paso muchas noches con la mejor de las compañías: yo, y cuando no, tampoco me faltan amigos y amigas que igual que yo están locos en un mundo que se empeña en desquiciarnos con plazos, tiempos, fechas pidiéndonos que vivíamos más rápido para que la vida se sienta corta cuando lo que en realidad se quiere es vivir más y feliz. No me falta el trago que me acompañe en mis soledades, el fiel libro bajo el brazo y uno o dos gatos en el regazo o a mis pies. Tampoco me falta música porque siempre descubro nueva, ni películas que a veces debe uno ver en la compañía correcta y de la manera correcta, ni medidas salvajes ante situaciones descabelladas que requieres un martillo, mucha paciencia y absoluta fuerza bruta. No siempre hay una pareja a mi lado pero cuando la hay la disfruto y he aprendido a no darla por sentado y cuando la situación apremia, sé que puedo contar con mi familia que me abrazará y me aceptarán porque ya qué le hacen, así soy y estoy "muy ruca para cambiar" (Ven, les dije que no todo era malo).

Como a todos, la cartera aprieta los sueños y anhelos pero aun así encuentro razones para vestir con nuevas combinaciones, reír a carcajadas en plena madrugada, cambiar los colores de mi rutina y utilizar sonrisas diferentes cada día, algunas más tristes, otras muy alegres, pero sonrisas al fin.


Creo que si los pasos son más pesados a esta edad no solo se debe al sobrepeso que ya no se va tan fácilmente sino a que en cada uno llevo mis decisiones a cuestas y estas me hacen o no feliz y eso es lo más importante en mi vida.
Ayer me di cuenta que mi mente trabaja aun cuando no me doy cuenta y que se enfoca en mis metas sin pensarlo, de tal forma que siento más que nunca la grandeza de mis obstáculos pero la determinación de mi voluntad a vencerlos.
Hoy confirmo eso. No soy el mejor ser humano pero quiero ser el mejor ser humano que me sea posible y sé que aunque esto causará muchos conflictos en mi persona y en aquellos que amo, lo correcto es algo que debe hacerse y decidí empezar ya. En realidad vengo arrastrando intentos desde hace tiempo pero algo me dice que ya llegó el tiempo de que estos no se queden en intentos.
Debo contemplar mis debilidades y tratar de anularlas así como mejorar mis fortalezas. Temo a los problemas pero pongo todos mis planes, angustias y deseos en manos de Dios y en las mías para llevarlas a cabo.
Así debe sentirse la mariposa cuando el capullo le queda chico...
Recuerdo esa escena de "Lo que el viento se llevó" en la cual Scarlett se levanta y jura al cielo. Siempre tengo eso en mi cabeza, para m,omentos cruciales y hasta para memes y chistes.
Supongo que debo decir lo mismo que ella, porque así se siente mi alma.
"Pongo a Dios como testigo... No dejaré que nadie me arranque mis sueños ni me rendiré ante los obstáculos que me pongan mis limitaciones de carácter y disciplina. No me dejaré vencer por mi misma que soy mi peor enemiga. Tampoco dejaré que las metas y planes de otros en mi vida dirijan la misma, tomo el mando de esta. Y no perderé la fe, no perderé el ánimo y no dejaré de luchar. Tengo miedo pero no me voy a detener. Tengo dudas pero me sobrepondré a estas escuchando mi corazón".
Me voy a aventar, Dios así que veré las alas que tienes para mí.
Vamos a limpiar pizarra y a empezar como siempre lo hemos deseado.

Chio Rootlesstree

jueves, 7 de septiembre de 2017


F  U  T  U  R  E

martes, 29 de agosto de 2017

Agosto 29 del 2013

Me pregunto porque en preparatoria no te dejan llevar el cabello de colores llamativos, o una vez que eres grande no puedes tener un empleo decente a menos que encajes en un patrón en el que no caben los pierciengs, el pelo de color turquesa o los tatuajes. Me pregunto también por que los uniformes son una medida obligatoria en algunos lugares. Veo a los chicos de las prepas con sus playeras azules y amarillas que les dictan quienes deben ser o que se espera de ellos (igualdad, uniformidad) en una etapa de su vida en la que están descubriendo quién desean ser y quiénes son en realidad y nosotros les decimos "no, no importa quien eres o deseas ser, Esto es lo que se espera de ti, abraza tu futuro como uno más del montón" y luego, para colmo les decimos, pero existen las Competencias y aunque te educamos para ser uno más de la bola deseamos que te mates y gastes tu vida, tiempo y cerebro tratando de ganarle a los demás, de sobresalir.
Les enseñamos a ser iguales, a ser planos, a no distinguirse, a no tener una personalidad y espíritu propio y luego queremos que sobresalgan, y lo deseamos tanto que les decimos, "he aquí las Competencias, matense unos a otros por sobresalir en un mundo de mierda para el cual no los preparamos como es debido".
Es como los Juegos del Hambre pero en serio. Los aventamos al mundo sin personalidad, sin criterio, sin valores, y sin un sentido de como es realmente una competencia porque ni si quiera nosotros lo sabemos.
De esta manera The odds are never in our favor...

lunes, 28 de agosto de 2017